
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la
Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación
cristiana",
cuya unidad debe ser salvaguardada.
Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción
de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal (cf OCf, Praenotanda
1).
En efecto, a los bautizados "el sacramento de la
confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los los
enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo.
De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos
testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus
obras"
(LG 11; cf OCf,
Praenotanda 2):
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