
La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación
cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el
Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la
Confirmación, participan por medio de la
Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.
"Nuestro Salvador, en la última Cena, la
noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y
su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la
cruz y confiar así a su
Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su
muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor,
banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se
nos da una prenda de la gloria futura" (SC 47).
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